Historia del Camino de Santiago

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SANTIAGO APÓSTOL
EN EL
CAMINO DE SANTIAGO

HISTORIA

 

El relato de la historia del Camino de Santiago, no debe de comenzar en el siglo IX con el anuncio al rey Alfonso II el Caso del descubrimiento de de la posible tumba del Apóstol Santiago en un campo de Galicia, llamado después Compostela y su peregrinación desde Oviedo para comprobar in situ su veracidad, dando lugar al camino primitivo y a la primera peregrinación. Debe comenzar mucho antes, en el siglo I de nuestra era.

La Historia se desarrolla así:

Después de la Ascensión del Señor. Santiago hijo de Zebedeo y su hermano Juan, los hijos del trueno, se distinguieron por su predicación en las sinagogas. Los apóstoles se  dispersan por el mundo conocido para llevar la palabra de Jesús a todos los rincones del mundo.

Santiago llevado por la voluntad de Dios llega a las costas de España donde enseña la divina palabra a los gentiles y gentes que vivían allí y la tenían por patria. Y habiéndose detenido en estas tierras durante algún tiempo,mientras fructificaba la semilla no sin problemas y entre muchas espinas, recorre España llegando hasta el final de la tierra conocida, confiando en Cristo eligió siete discípulos: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio, Hesiquio.

La predicación no estuvo carente de espinas y contratiempos por la dureza de los moradores de Hispania y a las orillas del Ebro, en el invierno del año 40 de nuestra era, en la ciudad romana de Caesaraugusta recibió la visita de la Virgen María entre una cohorte celestial, que lo confortó y animó en la predicación dejando como testigo una columna signo de la constancia en la fe hasta el final de los tiempos de sus moradores y el encargo de un templo que Santiago  levantó como una simple cubierta de adobe para la columna y que hoy es el Templo del Pilar de Zaragoza.

Santiago regreso casi inmediatamente a Jerusalén siguiendo su predicación por tierra y al llegar a su destino en torno a la Pascua del año 44, Herodes Agripa I, para congraciarse con los judíos, le mando cortar la cabeza y arrojar su cuerpo al desierto para que fuese devorado por las alimañas, como traidor a las costumbres judías por compartir con los gentiles y hacerles participes de los privilegios únicamente concedidos hasta ahora al pueblo elegido.

Sus discípulos se apoderaron de noche del cadáver con la cabeza y lo trasladan en secreto, pues contravenían las leyes judías y las normas romanas, lejos de allí. Se dirigen al puerto de Jaffa o Joppe que es el puerto más cercano a Jerusalén. En esta ciudad comienza la aventura de dar honrosa sepultura al cuerpo del apóstol, único objetivo de sus discípulos, embarcándose hacia las tierras del fin del mundo donde Santiago había predicado la palabra de Jesús, con los restos del Apóstol posiblemente ya embalsamados y cubiertos u ocultos en una piel de cordero, en una de las muchas naves que  hacían el recorrido entre Jaffa y la costa oriental de Galaica en busca de minerales y otras mercancías.

Gobernados por la mano del Señor y acompañados por su Ángel tras deriva de siete días de travesía llegan a Iria Flavia.

Los discípulos ya en tierras galaicas visitan a la Reina Lupa en su Castro Lupario para pedirle autorización para enterrar a Santiago.

La Reina Lupa era una matrona importante de la zona con gran influencia, viuda que no había querido de nuevo casarse por no manchar su tálamo nupcial con otro hombre y que disponía de un templo donde veneraba un ídolo. Los discípulos le piden que deje ese ídolo y que ceda el templo para la sepultura de su maestro.

La Luparia parece hacerles caso pero en realidad los engaña y les manda a ver al Rey que vive en Dugium y solicitar su anuencia. Los discípulos se dirigen a él y éste ordena su encarcelamiento hasta que se aclare su historia. Ellos huyen y son perseguidos hasta un puente sobre el Tambre que había en la vera de Negreira; ellos pasan pero sus perseguidores perecen todos con sus armas al hundirse el puente bajo sus pies.

Luparia trata de engañarlos de nuevo, finge que accede, y los envía a buscar unos bueyes y aperos, para trasladar al apóstol, al Pico Sacro, Allí se enfrentan con un formidable dragón, cuyo aliento había tornado irrespirable el aire por lo que las aldeas circunvecinas hubieron de ser abandonadas. La señal de la Cruz es suficiente para que el dragón huya lejos de aquellos lugares, el aliento pestífero cese y el aire vuelva a ser salutífero.

Cuando se acercan a los supuestos bueyes, se encuentran con toros bravos que muestran su fiereza indómita y peligrosa, pero cuando se acercan al primero, mansamente baja la testuz y se deja colocar el yugo y unirse al carro. Los bueyes trasladan los restos del Apóstol y se detienen a la altura de lo que hoy es la calle Franco y hay un pequeño manantial y una pequeña capilla.

Este prodigio hace que Lupa y toda su familia se conviertan, destruya el ídolo de su templo y de en el sepultura a Santiago.

Traslatio

Fuentes: Códice Calixtino, Traslatio, Gembloux, Códice Calistino y Casanatense, Carta del Papa León, Historia Compostelana, Manuscrito de Fécamp. Relatos de la traslación de los restos del Apóstol Santiago a Compostela.. “Cebrián Franco”, La mística ciudad de Dios.

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