SANTIAGO

Santiago era de Betsaida, villa situada al N.E. del Mar de
Galilea. Hijo de Zebedeo y de Salomé, era hermano de Juan,
otro de los discípulos de Jesús. Antes de seguir al Maestro,
era pescador, como su padre.
El que se denomine a Santiago el de Zebedeo «Santiago el
Mayor», se debe a la existencia entre los discípulos de Jesús
de otros que llevan el nombre de Santiago, y que son menos
importantes que él. Uno de ellos es «Santiago el de Alfeo»,
perteneciente al número de los Doce, y al que solemos co-
nocer como Santiago el Menor.

Existen diversos escritos que reconocen a Santiago como
artífice de la evangelización de España. El primero es el
«Comentario al Apocalipsis» escrito por Beato de Liébana,
y más tarde un himno en el que el apostolado se transforma
en patronazgo:

«¡Oh Apóstol dignísimo y santísimo!,
Cabeza refulgente y dorada de España,
Defensor especialísimo y patrono poderoso.
Asiste piadoso a la grey que te ha sido encomendada.
Sé dulce pastor para el rey, para el clero y para el pueblo».

No obstante, todavía se hacía necesario que aquellas noticias
que corrían por la Europa carolingia sobre la misión hispana
del Apóstol —esculpida en el sarcófago de Carlomagno
con la leyenda del Camino como camino de estrellas—, fuesen
utilizadas por la elite religiosa del reino astur como factor
de prestigio que impulsase la lucha contra el fanático invasor,
convirtiéndolo en guerrero sagrado, defensor de España, y
en centro de culto en donde rendir veneración a sus restos.
Se produce, en estas circunstancias, el descubrimiento del
mausoleo apostólico; el locus apostolicus, en el que florecería
un movimiento piadoso, origen último de uno de los fenómenos
religiosos, culturales y artísticos más importantes de
nuestra civilización.
El relato no puede comenzarse en el siglo IX; es preciso
remontarse al momento en que Santiago es decapitado, su
cuerpo abandonado como pasto para las alimañas, y, finalmente,
robado y trasladado por sus discípulos, en medio de
la noche al puerto de Jope, para poder explicar cómo éste
aparece en una tierra tan alejada de la Jerusalén donde fue
martirizado. La milagrosa travesía, aquella embarcación sin
tripulación que arribó al puerto de Iria, la elección del lugar
para su entierro o los pérfidos engaños de la reina Lupa y la
persecución del legado romano Filotro, son sólo algunos de
los datos que los fieles manejaban en la Edad Media a través
de la Leyenda Aurea.

Los acontecimientos se desarrollan como sigue….

Como se ha dicho el relato de la historia del Camino de Santiago, no debe de comenzar en el siglo IX con el anuncio al rey Alfonso II el Caso del descubrimiento de de la posible tumba del Apóstol Santiago en un campo de Galicia llamado después Compostela y su peregrinación desde Oviedo para comprobar in situ su veracidad, dando lugar al camino primitivo y a la primera peregrinación, debe comenzar mucho antes en el siglo I de nuestra era.

Después de la Ascensión del Señor, Santiago hijo de Zebedeo y hermano de Juan, los hijos del trueno, se distinguió por su predicación en las sinagogas.

Los apóstoles se  dispersan por el mundo conocido para llevar la palabra de Jesús a todos los rincones del mundo.

Santiago llevado por la voluntad de Dios llega a las costas de España donde enseña la divina palabra a los gentiles y gentes que vivían allí y la tenían por patria. Y habiéndose detenido en estas tierras durante algún tiempo mientras fructificaba la semilla no sin problemas y entre muchas espinas, recorre España llegando hasta el final de la tierra conocida, confiando en Cristo eligió siete discípulos: Torcuato, Segundo, Indalecio, Tesifonte, Eufrasio, Cecilio, Hesiquisto.

La predicación no estuvo carente de espinas y contratiempos por la dureza de los moradores de España y a las orillas del Ebro, en el invierno del año 40 de nuestra era, en la ciudad romana de Cesar Augusta recibió la visita de la Virgen María entre una cohorte celestial, que lo confortó y animó en la predicación dejando como testigo una columna signo de la constancia en la fe hasta el final de los tiempos y un templo que Santiago levanto levantó como una simple cubierta para la columna y que hoy es el Pilar de Zaragoza.

Santiago regreso casi inmediatamente a Jerusalén siguiendo su predicación por tierra y al llegar a su destino en torno a la Pascua del año 44, Herodes Agripa I, para congraciarse con los judíos, le mando cortar la cabeza y arrojar su cuerpo al desierto para que fuese devorado por las alimañas, como traidor a las costumbres judías por compartir con los gentiles y hacerles participes de los privilegios únicamente concedidos hasta ahora al pueblo elegido.

Sus discípulos se apoderaron de noche del cadáver con la cabeza y lo trasladan en secreto pues contravenían las leyes judías y las normas romanas, lejos de allí. Se dirigen al puerto de Jaffa o Joppe que es el puerto más cercano a Jerusalén. En esta ciudad comienza la aventura de dar honrosa sepultura al cuerpo del apóstol, único objetivo de sus discípulos, embarcándose hacia las tierras del fin del mundo donde Santiago había predicado la palabra de Jesús, con los restos del Apóstol posiblemente ya embalsamados y cubiertos u ocultos en una piel de cordero, en una de las muchas naves que  hacían el recorrido entre Jaffa y la costa oriental de Galicia en busca de minerales y otras mercancías.
Gobernados por la mano del Señor y acompañados por su Ángel tras deriva de siete días de travesía llegan a Iria Flavia.

Los discípulos ya en tierras gallegas visitan a la Reina Lupa en su Castro Lupario para pedirle autorización para enterrar a Santiago.
La Reina Lupa era una matrona importante de la zona con gran influencia, viuda que no había querido de nuevo casarse por no manchar su tálamo nupcial con otro hombre y que disponía de un templo donde veneraba un ídolo. Los discípulos le piden que deje ese ídolo y que ceda el templo para la sepultura de su maestro.

La Luparia parece hacerles caso pero en realidad los engaña y les manda a ver al Rey que vive en Dugium y solicitar su anuencia. Los discípulos se dirigen a él y éste ordena su encarcelamiento hasta que se aclare su historia. Ellos huyen y son perseguidos hasta un puente sobre el Tambre que había en la vera de Negreira; ellos pasan pero sus perseguidores perecen todos con sus armas al hundirse el puente bajo sus pies.

Luparia trata de engañarlos de nuevo, finge que accede, y los envía a buscar unos bueyes y aperos, para trasladar al apóstol, al Pico Sacro, Allí se enfrentan con un formidable dragón, cuyo aliento había tornado irrespirable el aire por lo que las aldeas circunvecinas hubieron de ser abandonadas. La señal de la Cruz es suficiente para que el dragón huya lejos de aquellos lugares, el aliento pestífero cese y el aire vuelva a ser salutífero.

Cuando se acercan a los supuestos bueyes, se encuentran con toros bravos que muestran su fiereza indómita y peligrosa, pero cuando se acercan al primero, mansamente baja la testuz y se deja colocar el yugo y unirse al carro. Los bueyes trasladan los restos del Apóstol y se detienen a la altura de lo que hoy es la calle Franco y hay un pequeño manantial y una pequeña capilla.

Este prodigio hace que Lupa y toda su familia se conviertan, destruya el ídolo de su templo y de en el sepultura a Santiago.

Fuentes: Códice Calixtino, Traslatio, Gembloux, Códice Calistino y Casanatense, Carta del Papa León, Historia Compostelana, Manuscrito de Fécamp. Relatos de la traslación de los restos del Apóstol Santiago a Compostela.. “Cebrián Franco”, La mística ciudad de Dios.

Durante el reinado de Alfonso II el Casto
comienza la historia propiamente dicha,
historia digámoslo así moderna.
Durante el reinado de Alfonso II el Casto (749-
842) el Apóstol manifestó su presencia en las tierras más alejadas
del reino, de modo que la convicción de los astur-galaicos
sobre su labor evangelizadora se vio reforzada y confirmada
por el descubrimiento de su sepulcro.

Siendo obispo de Iria Teodomiro, un ermitaño, llamado
Pelayo, advirtió una luminosidad extraña en el monte
Libredón, contemplada a los pocos días por unos pastores
de la cercana parroquia de San Félix de Solovio. Este suceso
extraordinario fue comunicado al prelado que, tras tres
días de ayuno, se dispuso a iniciar la búsqueda del origen de
este fenómeno, lo que le condujo al descubrimiento de un
pequeño edificio que no dudó en identificar con el sepulcro
del apóstol Santiago. De inmediato, esta noticia llega al rey
que, acudiendo con los nobles de su reino, venera sus restos
y dispone que se levante sobre el lugar una pequeña iglesia,
que después sería derribada por Alfonso III con el objeto de
construir otra de mayor capacidad y hermosura. Así, si bien
la más antigua de las representaciones de Santiago el Mayor
se corresponde con la tipología habitual utilizada para los
Apóstoles, pronto comienzan a difundirse otras de mayor
relevancia y trascendencia. Es el caso del Apóstol peregrino
—modelo que se adaptaría siglos más tarde para San
Francisco, San Roque, la Virgen María y el mismo Jesús,
cuando sale al encuentro de San Agustín vestido como peregrino—
del Santiago «Guerrero, etc.

La predicación de Santiago el
Mayor en España tuvo lugar entre Pentecostés del año 33 y la
Pascua del año 42, según el dato consignado en los Hechos
de los Apóstoles.